
El deporte ráfaga tiene tricampeón
Este 29 de abril se llevaron a cabo las finales de baloncesto en la Universiada 2018. El ritmo del juego levantó los aplausos, la emoción y la euforia de todo el público en el Gimnasio “Agustín Millán”, en el Estado de México.
Hay que ser grandes para asimilar un triunfo y aún más grandes para obtener tres triunfos consecutivos. Dentro de la rama varonil, el equipo del Centro de Estudios Universitarios (CEU), que ha obtenido más campeonatos en la historia, se coronó tricampeón el día de ayer al vencer en un partido cardiaco 71- 62 contra la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH).
El alero de CEU, Bryan Antonio Rivera Herrera, quien cursa actualmente la maestría en Educación Superior y asistió a la Universiada Mundial 2017, vive este tricampeonato como una experiencia única en la que asegura que ha valido la pena la dedicación y el esfuerzo. Después de este triunfo mencionó que el equipo descansará unos días y al regreso continuarán con sus estudios.
En la final de la rama femenil, se confirma nuevamente que el deporte ráfaga tiene un ritmo que cuando es coordinado es definitivo. Es como una danza en equipo que parece desear alcanzar el sol, pero que se conforma y se consuela con encestar. Así sucedió el día de ayer. En el último minuto del juego, las borreguitas del Ins
Myriam Lara Ackerman y Andrea Rosales, jugadoras del equipo campeón, mencionan que todas como equipo están obligadas a dar lo máximo en el encuentro. Asimismo, recuerdan que la responsabilidad de hacer 30 anotaciones por partido no pdebe recaer en solo una jugadora. Es decir, como equipo buscan el equilibrio y apoyo defendiendo y cumpliendo con todas las funciones que deben desempeñar según su posición.
Por otro lado, Ackerman, se despide de las Universiadas como campeona y analiza que el encuentro fue muy intenso y que sentía “un gran hambre de ganar”. Ella continuará con su licenciaturaen Administración de Empresas y practicando este deporte.
Andrea Rosales, concluye diciendo que disfrutó mucho el partido y la calidez del público que la inspiró a seguir luchando por sus sueños. A pesar de que su considerada desventa
Es así como en estas finales universitarias, nos quedó claro que el basquetbol semeja un ritual que conjunta fuerza y elasticidad, que es vertiginoso por su tiempo, pero no admite asomo de duda ni vacilación. No por su rapidez pierde su armonía, que es la definición radical de lo sinfónico.
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